Saludos a los malditos que me llamaron indiferente





Ahora soy marrón
me mimetizo con la tierra y el madero seco
No llueve acá desde hace siglos
Perdí la espalda además
estuve ocupada en reverencias porque necesito el agua.
¿Podría ser yo un fantasma que arrodillado hace rituales domésticos a
Dios?
No quiero hablar más contigo
aún cuando me he quedado sola      a veces 
con esta conciencia de la cercana demencia
o la memoria heredada de este diálogo
Inútil
dime
que vendrá la purificación.
Yo me detendría antes de partirme.
Yo que del coxis a la cervical te sirvo
escupo y friego los pisos por los que nos arrastras y aunque 
muero de sed
duermo y sueño otra vez que todo fue fácil
o tengo la suave memoria del tiempo mejor
para despertar gritando que no estoy segura.

¿Tendrás piedad de mí?
¿No es acaso demasiado tarde?
Dime solo cuál es mi culpa.


Hoy los escuché otra vez decir matemos

pero —No puedo matar a nadie.
Cuando quiero escupir, escupo al piso
y los malditos se rieron de mí.


Útil



De lo que hubo esto queda
De la construcción y el contenido
lo que ves al fondo.
No tengo arrepentimientos. Nada
que confesar. Sola
haber sido la otra mujer de un hombre en Occidente
cuando era joven y estaba lúcida y me hicieron triste.
Ya he pedido perdón. Es poco lo que devuelvo.
Extravié la abundancia y tuve miedo
de empobrecer de vivir entre la sobras 
para mi madre y para mi padre que morirían o mirarían entre mis necesidades.
Escuché claro pero no quise ni supe cómo contar más conmigo.
Envejeció mi cuerpo que fue y vino en el tiempo
que uso mi razón para ponerse en dos pies.
Me equivoqué. Viví
como les vino en gana. Confundida
entre mi voluntad y el desprendimiento. Perdí
y molesta, no me lamenté. No pude. A quién.
No pregunté pero hice
carente de inquietudes
mis respuestas posibles. Fui feliz
entre mis baratijas y mis ficciones. Me resbalé
caí 
hacia arriba donde celebraban todos 
porque al fin
útil
digo: toma. Digo: ten. Digo: qué necesitas.
No pude ir a la fiesta. Escuché la música. Tenía el ritmo
pero mañana trabajo.
Excusas no tengo.
Quisiera mentir
pero al fondo me queda
esa persistente incapacidad.


Tangerine


No guardo cuidado. Ya sé

Nada dura.

Me antojo

Introduzco el dedo al centro y despliego sin delicadeza.



El cuerpo 

 naturalmente se disecciona.



Nada nos marca.

Todo tiene dibujado obvias líneas de fragilidad.

Arranco la piel sin orden. Tomo una fracción

mastico y trago.

No guardo cuidado. Ya sé 

que nadie me mira.

Escupo las semillas sin ensuciarme las manos. Dejo el desperdicio en un vaso

para que otro se ocupe de limpiar por mí.



Olvido rápido.

Me llevo los dedos a los ojos

y la acidez me irrita la vista.